Patriotismo español de izquierdas

Diría que la actual situación política de España pone de manifiesto la necesidad imperiosa de un patriotismo español de izquierdas.

Pero, ¿existe en España un patriotismo de izquierdas?

Creo que sí. Y creo que en estos momentos a ese patriotismo de izquierdas o, si se prefiere, a sus representantes políticos se les puede y se les debe exigir sin ambages ni dilaciones un acto de lealtad a España y los españoles.

El conjunto de la nación, que no es ni más ni menos que su sociedad,  está por encima de cualquier partido, de todos los partidos.

Me permito recordar que los republicanos españoles empalmaron tres años de guerra aquende los Pirineos con seis años de guerra allende los Pirineos y allí constituyeron el núcleo más duro y resistente de la Resistencia al invasor.

Los franceses lo saben y lo recuerdan.

Por eso, más allá de partidos e ideologías, considero que los españoles tenemos derecho y obligación de  pedir ahora a esa misma izquierda y sus descendientes  que acudan a defender la  unidad de la España que ellos contribuyeron a crear y mantener.

Para mí, una España futura es impensable sin una izquierda patriótica.

Los temores del PSOE

Imagino que entre las razones de la negativa de Pedro Sánchez y el sector oficialista del PSOE a apoyar, más o menos abiertamente, la investidura del representante del PP está el temor bipolar de que tal apoyo aparezca a los ojos de un sector de su feligresía como un acercamiento a la derecha tradicional y, lo que es más grave, como un abandono de todo el espacio ideológico y demográfico propio de la izquierda social, que de ese modo quedaría en manos de Podemos o, más concretamente, de Pablo Iglesias y su ambición.

Lamentablemente detrás de esa ambición está, una vez más, la burguesía catalana con su plan-intriga-conjura guerracivilista.

Felipe González y sus antiguos compañeros y actuales barones lo saben muy bien.

Pero, ¿cabe pensar que con semejante argucia la parte -Cataluña- terminará imponiéndose al todo -España- hasta desnaturalizarlo?

Para mí, una vez más la respuesta a nuestros problemas presentes y futuros está en la historia.

Situación límite

Por lo que sé, la acción del separatismo catalán para acabar con España viene desarrollándose desde hace décadas,  entre otros,  en dos planos aparentemente paralelos pero en realidad siempre convergentes. En el primero se busca  el copo total e inexorable de las instancias de poder y representación del Estado, mientras que en el segundo se practica  la catalanización subrepticia e implacable  de la actividad política y la vida social de España y los españoles.

La parte –Cataluña– tiene un plan para destruir el todo –España– e imponerle su ley.

Por eso, para mí catalanización significa traición.

Ahora ya estamos a merced de los traidores; la intriga permanente y la trampa sistemática son su elemento y alimento.

Pero, a pesar de toda la deslealtad de nuestros políticos y toda la indolencia de nuestros ciudadanos, quiero pensar que más pronto que tarde esta sociedad y sus representantes se verán obligados a  tomar medidas tajantes y urgentes.

La actual situación política de España, caracterizada por la ingobernabilidad nacida de la proliferación de partidos políticos sin otro objetivo que provocar el caos, nos avisa de la gravedad del momento.

Y como estamos en una situación límite, todo lo que necesitamos es sentido de Estado y sentimiento patriótico, ese sentimiento que, cuando la patria está en peligro, no entiende ni de razonamientos abstractos ni  de ideologías.

Dos palabras claves para toda situación límite: unión y lealtad; lealtad y unión.

Hasta que España se hunda

A juzgar por las declaraciones de varios dirigentes  socialistas, entre ellos Antonio Hernando, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, el PSOE, otrora Partido Socialista Obrero y Español,  está dispuesto a persistir en su actitud e impedir la investidura de Mariano Rajoy hasta que España se hunda

¿Es realmente eso lo que buscan?

Pues que lo digan.

Más allá del círculo diabólico guerra civil – transición

El judío polaco Adam Michnik ha declarado recientemente que España se mueve siempre entre la guerra civil y la transición.

Es posible. Lamentablemente.

Y, lamentablemente, eso es un círculo diabólico.

Teufelskreis!

Pero no siempre fue así. Probablemente porque los españoles no siempre fuimos como somos ahora.

Pienso en la colonización de América que siguió a su descubrimiento y pienso en la Reconquista.

Para mí, la Reconquista es la guerra de la Independencia española. Ocho siglos de lucha para alumbrar un Estado-nación unitario. En muchos aspectos, el primero de la Europa moderna.

Lo que llamamos convencionalmente Guerra de la Independencia fue, a mi entender, una guerra de guerrillas protagonizada por un pueblo que se sublevó para recuperar su identidad.

 Evidentemente, España no nació entonces.

¿Es el Estado de las autonomías la antítesis de la Reconquista y el capítulo final de la historia de España?

Tres maneras de fracasar

— Manifestarse abiertamente en contra de la clase dominante y/o la ideología dominante.

— Mostrar públicamente las debilidades personales.

— Hacer la guerra -todas las guerras, cualquier guerra- en solitario.

La primera manera es generalmente una muestra de ingenuidad.

La segunda manera aparece a mis ojos como un acto de exhibicionismo narcisista.

La tercera manera puede ser en última instancia un gesto de prepotencia.

Tres maneras de tener éxito

Ser imprescindible para la empresa en la que trabajas.

Hacer el trabajo mejor que los demás.

Profesar la ideología dominante y pertenecer a la clase dominante.

 La primera manera me la enseñó mi hijo. Parece que él la practicaba y la practica.

La segunda manera procede de mi experiencia laboral.

La tercera manera nos la enseñan a diario los arribistas; en especial, los que se mueven en el ámbito de la política nacional.

Yo pregunto:

¿Cuántas traiciones tiene que sufrir  todavía España a manos de los separatistas para que acudamos a defenderla?

¿Y si mañana fuera ya tarde?

¿Y si a las traiciones de los separatistas se sumara la nuestra?

La hora del PSOE

Creo que ha llegado la hora de que el Partido Socialista Obrero Español dé un paso al frente y vuelva a ser la formación con sentido de Estado y conciencia patriótica que España necesita con urgencia en la actual coyuntura política.

Entiendo que, para atajar el derrumbe de nuestra nación –que sería el derrumbe de toda la sociedad, clase trabajadora incluida–,  el PSOE debe recobrar su función integradora y, haciendo honor a su trayectoria histórica,  agrupar a toda la izquierda española en un proyecto realmente social y socialista.

Es sabido que la división de la sociedad es necesariamente la división de la clase trabajadora y viceversa.

El que divide empobrece y el que divide y empobrece no es socialista.

Históricamente, el socialismo nace de la unión de los trabajadores y, a mi entender, culmina en la unión de la sociedad. Ese es el principio de su utopía.

Para mí, eso significa que, en estos momentos, el PSOE debe apostar decidida y enérgicamente por el  fortalecimiento de las instituciones del Estado, empezando por su Gobierno.

Sin un Gobierno sólido y estable, a salvo de toda intriga secesionista y toda veleidad disgregadora y por lo tanto reaccionaria, no habrá, a buen seguro, un socialismo realmente integrador y capaz de cumplir con su función social.

Repito: España necesita un partido socialista con sentido de Estado y conciencia patriótica, que es tanto como decir conciencia social.

Ahora y siempre.

España: el dictamen del jugador de ajedrez

Hace años, un viejo aficionado al ajedrez me comentó después de observar y estudiar una partida:

“Para llegar a esa posición, el conductor de las piezas blancas tiene que haber jugado necesariamente muy mal”.

Durante los últimos tiempos me he acordado muchas veces de las palabras del viejo ajedrecista y he llegado a la conclusión de que los españoles hemos debido de actuar necesariamente muy mal para llevar a España a la situación en la que se encuentra actualmente.

El diagnóstico es aterrador: caos político e ingobernabilidad. Falta el caos económico, que, para mí, está al caer.

Ante ese panorama, hago mías las palabras de otro aficionado al juego-ciencia (he dicho juego, no deporte): “Yo pierdo muchas partidas por ver más que mis contrincantes”.

La partida de España la doy por perdida y, con ella, doy por perdida también la mía.

¡Viva España! ¡Arriba España!